“Memoria del Mar Nuestro: pasado y futuro”

FOTO

 

Juan Garaizabal.

“Memoria del Mar Nuestro: pasado y futuro”. El Mediterráneo desentierra la grandeza de sus ciudades en busca de futuro

Rememorar la grandeza de las ciudades mediterráneas para alentar un mejor futuro. Memoria del Mar Nuestro: pasado y futuro, el grupo escultórico que Juan Garaizabal expondrá por vez primera en la Lonja del Pescado de Alicante a partir del 17 de diciembre, quiere provocarnos una reflexión sobre la generosa historia del Mediterráneo y un esfuerzo colectivo para lograr que los tiempos que vengan recuperen aquella fortaleza, el esplendor y el empuje que sus pueblos costeros dejaron latente en la arquitectura.

Internacionalmente reconocido por sus obras públicas y monumentales, Garaizabal (Madrid 1971) nos transporta de Roma a Alejandría, de Beirut a Barcelona; con él recorremos los templos de Estambul, las quasbahs de Argel, las alquerías de Alicante: son la evocación de estas 15 piezas de entre 2 y 5 metros de altura que se funden en una sola ciudad imaginada y futura. El pasado se proyecta en enormes lonas de algodón crudo, gastado, donde reconocemos trazos arquitectónicos que ya solo pertenecen a la memoria, telas que en sí mismas nos retrotraen a la vida de un antiguo zoco. El futuro se levantará sobre este telón a base de nervios de acero, luz y edificios verticales que recuperan materiales como botellas de plástico y que enfrentan al cielo su silueta hecha en metales brillantes. La tensión entre ambas texturas, la pátina desgastada de las lonas y el brillo de los metales, como si nunca fuera a apagarse, sintetiza la reflexión del escultor sobre el paso del tiempo.

Propone un cruce de miradas 2.000 años atrás, 2.000 adelante, para alentar la conciencia y el esfuerzo colectivos. Busca el artista la complicidad e interacción del público –que podrá introducirse en las construcciones y deambular por el conjunto arquitectónico–, conminando al espectador a sentirse parte de ese pasado y responsable de su futuro, creando conciencia crítica a través de la emoción que el arte nos transmite. “Me interesan esas ciudades en las que sus habitantes se preocupan e incluso se obsesionan por el futuro del lugar, y este grupo escultórico pretende crear debate en torno a ello, incitando opiniones, voluntades y deseos”.

“La grandeza –explica– es nuestra forma de definir algo que nos apabulla, nos sorprende favorablemente, y ¿cuántas veces esta condición está en relación directa con la obra humana?” Garaizabal se detiene en la arquitectura de las ciudades primeras e imagina el paisaje urbano del futuro, dejándonos en el aire una pregunta: ¿seremos merecedores de ese gran pasado?

Con esta exposición, y la donación a su término de una de las piezas que la integran, Alicante se suma a la red de ciudades internacionales en las que la obra del artista madrileño se exhibe de forma permanente y pública: Miami, París, Pekín, Shanghái, Berlín, Venecia o Connecticut. Será además la primera plaza de la cuenca mediterránea que acoja su obra.

“No es solo un orgullo para la ciudad –ha manifestado su alcalde, Luis Barcala–, sino un reto y una responsabilidad, porque nos convierte en pioneros de esta ambición de futuro: un tiempo por venir que está en nuestras manos, las de todos los ciudadanos”.

A modo de biografía

La pasión por la arquitectura y la memoria del escultor Juan Garaizabal hay que buscarla en las exploraciones y los descubrimientos que vivió viajando junto a su madre, Isabel Marsans, con quien cruzó el continente africano en varias etapas; con quien sigue viajando, pongamos de Madrid a Moscú, la madre al volante y la obra en el remolque del camión. Así conoció y se enamoró de “esa capacidad seductora que tienen los objetos encontrados, que a través de su textura y su olor hacen que desees poseerlos”. Fue el principio de sus Memorias Urbanas, serie de esculturas monumentales en las que reproduce elementos arquitectónicos desaparecidos, llenando el vacío dejado por el tiempo y la sinrazón demoledora del ser humano, como es la Bethlehems Böhmische Kirche, erigida en 2012 en el lugar exacto y a la misma escala que ocupó desde 1735 esta iglesia bohemia, espacio emblemático que reunía en Berlín a los exiliados checos acogidos en la capital alemana, y que en 1943 sucumbió a los bombardeos.

Garaizabal se sube a la grúa, trepa escaleras al cielo y, con sus manos, talla la madera, cincela, forja el hierro y el acero: construye e ilumina y pone banda sonora a sus esculturas en busca siempre de la memoria que no hemos de perder. Porque, ¿en qué se convierte el ser humano cuando ignora el pasado? “En un idiota” –responde sin ambages–. El idiota que Dostoyevski inmortalizó y que hoy sería, a su juicio, “aquel que consume y no aporta. El hombre sin memoria se convierte en un animal malo, sin escrúpulos, sin sensibilidad; enfrentado a la naturaleza, empeñado en domeñarla. El ejemplo más claro y extremo que se me ocurre es el de los chinos y soviéticos educados en el comunismo y que hoy abrazan el capitalismo más salvaje”.

Fechas:
De 17 de Diciembre de 2021 hasta 27 de Febrero de 2022
Dónde se realiza:
Paseo
Paseo Almirante Julio Guillén Tato
Alicante
Temática: 
Arte
Formato: 
Exposiciones
Público: 
Todos los públicos